Devuelven la licencia a una antigua terapeuta del Instituto Sullivan

Según recogían diversos medios a finales del pasado año, han vuelto a habilitar como psicóloga a Helen Fogarty, una ex líder de una secta pseudoterapéutica de los setenta 1970 que aconsejaba a sus pacientes a romper los lazos con sus familias, controlaba las relaciones con los hijos y también las relaciones sexuales con sus esposos.

Helen Fogarty estuvo casada con Saúl Newton, el carismático cofundador del Instituto Sullivan, una comuna descrita como una “secta de terapia” en donde muchos pacientes y terapeutas unieron sus recursos y vivían juntos en apartamentos en el Upper West Side de Manhattan durante los años 1970 y 1980. El grupo promovía una forma de vida comunitaria y rechazaba la idea de la familia nuclear, sosteniendo que la monogamia era la “raíz de toda la miseria.” El artista Jackson Pollock estuvo involucrado con el Instituto durante un tiempo, al igual que la cantante Judy Collins o el escritor Richard Price.

El Instituto llegó a contar con cientos de seguidores, cifra que declinó en la década de 1980 en parte debido a la mala publicidad que recibió cuando diversos ex miembros presentaron demandas de custodia de menores en contra de responsables del grupo. La desaparición del Instituto fue ampliamente recogida por medios como el New York Times hace años.

Fogarty, que vive actualmente en Tarrytown, pagó un precio por su participación en el polémico Instituto, cuando el Estado revocó su licencia para ejercer la psicología en 1997; unos seis años después se divorció de Newton y abandonó el grupo. Ahora, con 73 años de edad, Fogarty ha conseguido que se le vuelva a habilitar profesionalmente durante un periodo de dos años bajo supervisión. Y mientras que los funcionarios que revisaron su petición de rehabilitación profesional se dividieron sobre si se le debía dotar, Fogarty defendió su decisión final con las siguientes palabras: “Soy una gran clínico … He estado trabajando con niños de escasos recursos durante años …. Toda mi vida ha cambiado en muchos aspectos positivos”.

De hecho, desde que dejó el instituto, Fogarty volvió a casarse y pasó años aconsejando a los niños de acogida del centro Graham Windham, un centro de Hastings-on-Hudson para niños abusados, abandonados o con comportamientos delictivos. Según ha expresado, se convirtió a la Iglesia Unitaria, abogó en favor de los enfermos con lupus e incluso hizo de Santa Claus en una reunión de la comunidad. Expresando remordimiento, solicitó nuevamente su licencia el pasado año 2009, con la esperanza de asumir mayores responsabilidades en el centro en el que trabajaba. Y argumentó que cuando ella entró en el grupo era joven y su futura pareja le superaba en treinta y seis años, relación que se iniciaría justo cuando ella finalizó sus estudios en psicología. Lo cierto es que dejó de trabajar en el centro Graham Windham en 2012, antes de que el Estado aceptara su solicitud. Ahora afirma que no tiene interés en volver a trabajar y que tan sólo quiere ejercer de abuela.

Por su parte, ex miembros del Instituto de Sullivan tienen sentimientos encontrados ante la reciente noticia. Amy Siskind, de 60 años de edad, de Brooklyn, creció en el Instituto, fundado por Newton en 1957, y dijo que fue abusada sexualmente allí siendo una niña. Mientras que expresa su descontento con la reincorporación, Siskind dijo que es poco probable que Fogarty repita su conducta. “Estoy segura de que habrá sido una consejera digna en el trabajo que ha hecho”, dijo Siskind, socióloga, que escribió un libro sobre el Instituto. “Del remordimiento, lo dudo, francamente … no la quisiera a ella como terapeuta, eso seguro”.

Otro ex miembro, Jon Mack de Newfane, Vermont, participó con el grupo durante más de 20 años. Dijo que no veía ninguna razón por la que a Fogarty no se pueda dar una segunda oportunidad, “muy pocos de nosotros a partir de ese momento, terapeutas y pacientes por igual, tenemos un derecho legítimo a la ingenuidad…estábamos – con la excepción de los hijos de los pacientes -éramos adultos que consentíamos, a sabiendas, aunque no necesariamente con sensatez, y cosechamos los beneficios y pagamos el precio de un estilo de vida poco convencional y la práctica de la psicoterapia. Algunos sufrieron claramente un daño más duradero que otros, pero ha llegó ya el momento para que la gente continué con sus vidas – sin olvidar el pasado, sino aprendiendo de él y seguir adelante lo mejor que podamos hacia delante”.

Algunos aspectos de las prácticas de estilo de vida y la psicoterapia no convencionales se describen en más de 100 páginas de expedientes disciplinarios obtenidos por The Journal News, que muestran que Fogarty cruzó rutinariamente los límites éticos. Se animaba a los miembros del Instituto a tener múltiples parejas sexuales y se exigía obtener el permiso antes de tener hijos. Si una mujer quería un niño, más de un hombre debía participar en el proceso. Los niños nacidos dentro del grupo eran cuidados por los pacientes y las visitas de los padres estaban restringidos.

El instituto también operó la Fourth Wall Repertory Company, un grupo de teatro político del East Village, que se utilizaba, en parte, para el reclutamiento. Es el lugar donde los antiguos miembros decían que se reunían por la noche después de trabajar largas horas como programadores informáticos, profesores y trabajadores de cuidado infantil para apoyar financieramente el Instituto. A muchos miembros se les dijo qué puestos de trabajo debían tomar para recaudar fondos.

En la revocación de su licencia en 1997, un panel de audiencia de la Junta Estatal de Psicología encontró a Fogarty culpable de “ejercicio de la profesión de manera fraudulenta, con negligencias graves y notoria incompetencia, en repetidas ocasiones”. Por ejemplo, indicando a un paciente que su madre le odiaba, “como una asesina violenta dentro del campo de concentración”; o manteniendo relaciones sexuales en una granja con un alumno que ella supervisó; o facturando a través de compañías de seguros visitas que nunca fueron realizadas.

La misma Fogarty indicó a los medios que “mirando hacia atrás, todos cruzamos los límites en ese grupo, eso fue un problema”. Preguntada acerca de su capacidad para tomar decisiones éticas durante su tiempo en el Instituto, Fogarty indicó que “era joven, tenía 20 o 30 años…no estaba madura en esos momentos…me parecía bien”. Al pedir la readmisión, Fogarty dijo que ella era inocente, que se graduó en la Universidad de Brandeis en 1963 y que después pasó a ser paciente de Newton. A partir de ahí, empezó una relación sexual. Dos años más tarde, se trasladó a un apartamento “sólo de mujeres” en el Instituto, completó los estudios de posgrado en psicología clínica en CUNY y un programa de cuatro años en el Instituto. Tuvo cuatro hijos con Newton, que se casaron y se divorciaron seis veces, mientras que Newton llegó a tener diez hijos antes de su muerte el pasado 1991, a sus 85 años de edad.

Los funcionarios del Estado que revisaron solicitud de reincorporación, se encontraban divididos con respecto a la decisión final a tomar, en definitiva, si se le debía dar otra oportunidad o no.

Michael Bray, de 69 años, de Somers, quien dejó el Instituto Sullivan después de 12 años de vinculación, justo en el momento en que empezaron “con el control de la procreación y la crianza de los niños,” no ha hablado con Fogarty en tres décadas, aunque cree en las segundas oportunidades. “Casi todo el mundo allí, era una víctima en algún grado … Me parece que la gente puede tener remordimientos por lo que han hecho y pueden cambiar su pensamiento y sus valores a través del tiempo.”