La Escuela de Yoga Satyananda, más preocupada por su reputación antes que por los abusos sexuales sobre los menores

La Comisión Real de Australia para la Respuesta Institucional al Abuso Sexual Infantil, que no hace mucho emitió un comunicado público sobre los casos de abusos sexuales en los Testigos de Jehová -y que en los últimos sesenta años ascenderían a más de 1.000 casos-, se ha ocupado recientemente de las denuncias de abusos sexuales sobre los menores en la comunidad de yoga Satyananda.

La Escuela de Yoga Bihar (también conocida como Yoga Satyananda) fue fundada en 1963 por Satyananda Saraswati, “basándose en las tradiciones vedanta, tántricas y el yoga nidra, en conjunción con las modernas ciencias de la salud física y mental”. En nuestro país, disponen de centros al menos en Barcelona, Zaragoza y Palma de Mallorca. A inicios de este año, su representante vino a Barcelona a impartir una conferencia en el marco de la Universidad Pompeu Fabra, sin mayor mención al caso de Australia.

De acuerdo con la mencionada Comisión, cuando las acusaciones de abuso sobre los menores empezaron a emerger en el ashram de yoga más antiguo de Australia, la así llamada Academia de Yoga Satyananda -ahora renombrada como Yoga Mangrove-, la principal preocupación desde su sede espiritual en la India giraba en torno a su reputación antes que por el reconocimiento o la reparación del daño infligido sobre los menores.

La Comisión Real ha examinado detenidamente las denuncias formuladas contra el ex líder espiritual del Ashram de Yoga Satyananda, Swami Akhandananda Saraswati, así como contra su ex pareja “Shishy”.

Las acusaciones fueron formuladas ya desde los inicios de la mencionada comunidad de yoga arrastran desde hace ya unos cuarenta años,  aunque más concretamente por los abusos sexuales cometidos entre los años setenta y ochenta.

Durante las audiencias públicas realizadas en octubre de 2014, seis víctimas del ashram solicitaron una compensación de un millón de dólares cada uno. Dieron descripciones gráficas de abuso en el ashram, que albergaba entre 12 y 22 niños de entre 4 – 18 años de edad.

El informe de la Comisión se ha mostrado muy crítico con la gestión del ashram. “Durante la audiencia pública, aceptaron las denuncias de compensación por parte de algunos, pero no de todas las víctimas de abuso sexual. Tal distinción entre las víctimas, se mantuvo sin mayores explicaciones hasta el cierre mismo de la audiencia pública”.

La Comisión prosigue indicando que “consideramos que el ashram … en contraste directo con los sentimientos expresados de disculpa … adoptó un enfoque que a veces era insensible, defensivo y legalista”.

El informe encontró, igualmente, que los menores “eran separados de sus familias de forma sistemática y que tendió a desarrollar entre los mismos una fuerte dependencia de culto hacia la persona de Shishy, que jugó claramente un papel significativo en sus vidas, en ausencia de sus padres”.

Durante las audiencias celebradas, resultó evidente que se estimulaba una devoción ciega hacia el gurú, “lo que implicaba ser obediente sin ningún lugar a dudas”. El informe añade, asimismo, que “en última instancia, el ashram estimulaba una confianza total e incuestionable tanto por parte de los adultos como de los niños hacia las acciones erráticas e irracionales de Akhandananda”.

La Comisión escuchó también el relato de algunas víctimas que fueron amenazadas de asesinato si denunciaban los abusos, así como las declaraciones de Shishy que indicaban la violación de dos chicas por parte del gurú Akhandananda.

Los miembros de la Comisión indicaron que Shishy mantenía ella misma en una relación violenta con Akhandananda, “lo que incluía la violencia sexual…Shishy declaró que ésto incluía el hecho que Akhandananda pusiera una pistola en su vagina o que realizara cortes en su vagina con tijeras de cortar uñas…Está claro que la cultura de violencia y humillación que Akhandananda fomentó en el ashram, transmitió a los niños que vivieron allí un miedo a las represalias que les impedía denunciar los abusos sexuales que allí se cometían”.

El informe de la Comisión añade que esta situación de violencia continuada dentro del ashram, “no fue contrarrestada por ningún otro adulto, de forma que el miedo quedaba así reforzado…Hemos escuchado diversos testimonios que manifestaron claras amenazas de infligir un daño significativo, incluyendo la muerte … Hemos escuchado también testimonios de hombres adultos que fueron golpeados con un palo frente a los demás…Y también hemos oído numerosos testimonios  que evidenciaron las palizas sobre los niños”.

La Escuela de Yoga Bihar, sede mundial de las enseñanzas de Swami Satyananda Saraswati, en declaraciones del pasado año 2014, dijo que “desconocían el alcance de tales abusos tan atroces y generalizados”. Aunque contrariamente a tales declaraciones, la Comisión mostró también un e-mail de la organización hacia el ashram en donde con toda claridad mostraban su preocupación por la reputación del movimiento Satyananda, temiendo que “veinte años de escándalos sexuales mancharan su reputación”, antes que por la gravedad de los abusos perpetrados. En el mismo mail puede leerse que “tras toda una vida en apoyo al ashram de Australia, Swami Niranjan y la Bihar School of Yoga, con disgusto, retiran su apoyo por completo”.

Los miembros de la Comisión remarcaron en sus conclusiones, recogidas por diversos medios australianos, a la par que pueden consultarse en la misma página de la Comisión, que la preocupación de la Escuela de Yoga Bihar pareció concentrarse más en “preservar la marca Satyananda” antes que en reparar el daño sobre las víctimas. La Comisión concluyó que este caso puede ayudar a identificar los problemas potenciales en las desigualdades del poder de un líder carismático en una comunidad aislada, así como el aislamiento de los niños de sus padres y de la sociedad y la necesidad de atender el daño de los menores que sufren abusos sexuales.