Incesto espiritual en nombre de Buda

En agosto del año pasado, Sogyal Rinpoché, el maestro budista tibetano más conocido después del Dalai Lama, y pretendido autor de El Libro Tibetano de la Vida y la Muerte, alcanzó la cifra de ventas de ese libro de más de tres millones de ejemplares en todo el mundo.

La organización Rigpa – una palabra tibetana que significa “la naturaleza última y esencial de la mente” – cuenta con más de 130 centros repartidos por 41 países de todo el mundo. El centro más importante de esta organización budista se encuentra en Francia, el centro de Lerab Ling, situado cerca de Montpellier, inaugurado oficialmente en 2008 por el mismo Dalai Lama y con el apoyo de Carla Bruni, entonces primera dama de Francia, así como otros importantes dignatarios.

Sogyal Rinponché es considerado por sus estudiantes como la encarnación viviente de las enseñanzas budistas de sabiduría y compasión, si bien es un hombre que enseña de una manera muy poco ortodoxa, conocida como “la loca sabiduría”.

Sogyal ha dicho a menudo a sus estudiantes que deben ver al maestro “ya no como un ser humano, sino como el Buda mismo”. A los que asisten a sus enseñanzas se les advierte que no se sorprendan o extraigan “conclusiones equivocadas” sobre la forma en que podría comportarse. Al parecer, la conducta irracional -o incluso violenta según algunos antiguos miembros de la organización-, debe ser entendida como “mera apariencia”.

Como cuando, por ejemplo, en una actividad en el templo de Francia, tras subir al escenario de pronto golpeó en el estómago a su devota seguidora Ani Chökyi, que rompió a llorar y tras expulsarla de escenario, empezó su plática ante los prácticamente mil estudiantes que estaban allí concentrados para recibir sus enseñanzas. Al día siguiente, un miembro de la jerarquía de Rigpa se dirigió a los que dudaban. Sogyal, dijo, estaba molesto de que la gente estuviera cuestionando sus métodos. Si la gente no entendía lo que realmente había sucedido, entonces probablemente es que “no estaban preparados para las enseñanzas de nivel superior” y en ese caso la amenaza es que Sogyal no volvería a enseñar durante el retiro.

En gran parte, gracias al benigno y sonriente ejemplo del Dalai Lama , el budismo tibetano ha crecido enormemente en popularidad en Occidente durante los últimos treinta años, escapando en gran parte de los escándalos que han saltado en otras instituciones religiosas. Sin embargo, dentro de la comunidad budista, Sogyal Rinpoché ha sido durante mucho tiempo una figura polémica. Durante años, han circulado numerosos rumores sobre su persona en Internet, hasta el punto que en 1994 se formuló una demanda en su contra por diez millones de dólares por una testigo protegida que manifestó haber sufrido diversos tipos de abusos emocionales y sexuales.

Su posición como uno de los principales maestros budistas en Occidente ha permanecido intacta hasta ahora. En julio de 2017, ocho estudiantes (actuales y antiguos) enviaron una carta de 12 páginas a Sogyal, en donde indicaban con claridad que los problemas que se desarrollan a largo plazo debido a Su comportamiento ya no se puede ignorar o negar”. La carta ofrece una serie de detalles precisos acerca de los diferentes abusos cometidos por el lama Sogyal, “abusos que habrían dejado a monjes y estudiantes laicos con lesiones sangrientas y cicatrices permanentes”. Además, señalan que el lama habría utilizado su ascendiente espiritual para tener acceso a las mujeres jóvenes y para coaccionarlas, intimidarlas y manipularlas para que accedieran a ciertas práctica sexuales”; de este modo, los estudiantes se les ordenó desnudarse o mostrarle los genitales […] o a acceder a mantener sexo oral o mantener relaciones sexuales con los compañeros”. Junto a estas denuncias de abusos espirituales y sexuales, los estudiantes mencionan igualmente que “habría llevado un estilo de vida pródigo, caprichoso y sibarítico”, mantenido en secreto por sus seguidores y financiado por donaciones de estudiantes que creen que su ofrenda está siendo usada para fomentar la sabiduría y la compasión en el mundo.

La carta, si bien inicialmente fue enviada al núcleo más cercano de Sogyal y a los estudiantes más comprometidos, pronto se hizo viral, sacudiendo los cimientos de la organización Rigpa hasta el núcleo.

Pero más que una sórdida historia de un errante maestro espiritual, el caso de Sogyal Rinpoché es un síntoma de los peligros que pueden surgir cuando los occidentales caen en esclavitud de ciertas enseñanzas espirituales que no entienden completamente y también es síntoma del narcisismo de aquellos maestros que derivan hacia el glamour y el culto a la personalidad.

Sogyal Lakar nació en Kham, en el este del Tíbet, en una familia de comerciantes. Entre sus seguidores, se cree que es la reencarnación de Sogyal Terton, un lama tibetano que fue maestro del XIII Dalai Lama (el actual Dalai Lama es el XIV). Pero según Rob Hogendoorn, académico y budista holandés que ha investigado los antecedentes de Sogyal, la única autoridad para esa afirmación parece ser la propia madre de Sogyal. Cuando tenía seis meses, su madre lo puso al cuidado de su hermana, Khandro Tsering Chodron, que era la joven consorte -o esposa espiritual- de un eminente lama tibetano, Jamyang Khyentse Chokyi Lodro, que se convirtió en un eficaz guardián de Sogyal.

En 1954 la familia huyó del ejército chino invasor a Kalimpong en Bengala Occidental, donde Sogyal fue educado en una escuela primaria católica, la de San Agustín. Jamyang Khyentse murió cuando Sogyal tenía alrededor de 10 u 11 años, y su educación continuó en una escuela anglicana, St Stephen’s College en Delhi. En 1971 llegó al Trinity College de Cambridge, tomando un curso de estudios teológicos y religiosos, aunque nunca llegó a graduarse. Fue en Cambridge donde conoció a Mary Finnigan, entonces una joven estudiante budista y ahora una autora muy crítica con Sogyal.

En ese momento, tan sólo había cuatro lamas tibetanos que vivían en Gran Bretaña. Finnigan organizó las primeras enseñanzas de Sogyal en el squat donde vivía en Londres y continuaría siendo su estudiante hasta 1979. Sogyal era una presencia exótica: un tibetano que podía hablar con fluidez inglés y parecía saber de qué estaba hablando. Sus seguidores crecieron rápidamente y gracias a una donación de 100.000 libras esterlinas de un conocido actor de comedia inglesa, pudo establecer su primer centro budista en Londres.

Asumiendo el título honorífico de “Rinpoché”, Sogyal se estableció como un maestro budista de la tradición Vajrayana o tántrica (una rama profundamente esotérica del budismo tibetano, a través de la cual se cree que el estudiante podrá liberarse de las cadenas de ego y lograr la iluminación en una sola vida). Por ello, se exige que el estudiante muestra una devoción completa al maestro, independiente de las acciones que llegue a ver en éste, y en donde se entiende que lo que el lama hace -sin importar lo irracional o incomprensible pudiera parecer-, es siempre para el beneficio del estudiante. Es más, cualquier duda que pudiera surgir en la mente del estudiante acerca de estos métodos se debe a la “percepción impura”, lo que se supone que dificultará el desarrollo espiritual.

La tradición budista está llena de historias de grandes maestros (“mahasiddhas”) que llevan a sus alumnos a la iluminación por métodos locos. Uno de los más famosos tiene que ver con el maestro Naropa del siglo IX, cuyo maestro Tilopa lo sometió a una serie de pruebas incluyendo saltar desde la parte superior de un templo hasta el punto de romperse sus huesos, o saltando al fuego o al agua congelada o dando a su esposa a Tilopa como muestra de desprendimiento del ego. De acuerdo con estas historias, cada vez que Naropa se rompía o estaba cerca de la muerte, Tilopa lo sanaba con la mano, dándole una instrucción que llevaría la mente de Naropa a un nivel más avanzado.

En la relación entre el maestro y el discípulo es fundamental el vínculo de confianza (samaya) por el cual el alumno no sólo promete obediencia total al gurú, sino que el gurú promete actuar sólo en beneficio del alumno. Romper la samaya se considera como algo muy dañino que trae graves consecuencias, tales como el destierro a ‘infierno vajra’ o una infinidad de reencarnaciones desgraciadas.

Stephen Batchelor, un profesor y académico budista inglés que fue él mismo un monje budista tibetano durante ocho años, ha indicado en alguna ocasión que una vez que entras en el mundo hermético del budismo tibetano, de alguna manera quemas tus puentes a la racionalidad occidental. Entras en un mundo que parece ser totalmente coherente internamente; las estructuras de poder parecen estar al servicio de estos altos ideales de iluminación y la relación con el gurú es el elemento clave en su capacidad para seguir este camino de la manera más efectiva”.

Junto a ésto, el Vajrayana es reconocido como un camino particularmente peligroso, especialmente para los estudiantes occidentales sin una buena base en la cultura tibetana. El mismo Dalai Lama, en su particular estilo amable y simpático, ha hablado de su propia precaución al discutir el camino Vajrayana: “tengo que tener cuidado con lo que digo en la enseñanza, ya que hay algunos buscadores que podrían tomar la historia Naropa literalmente y saltar de un acantilado, pensando que el gurú estaba hablando sobre eso. No sólo no tengo la capacidad de sanar el cuerpo roto con una palma de mi mano, sino que aquí en Dharamsala ni siquiera tenemos un servicio de ambulancias adecuado”.

El Dalai Lama ha advertido a los estudiantes que una buena prueba de que un maestro está más allá de los apegos y las tentaciones de la autogratificación es si pueden comer un trozo de excremento con la misma ecuanimidad que un pedazo de comida. Cuando se le preguntó qué maestros tibetanos eran de un nivel suficientemente alto de autorrealización para hacer esto, el Dalai Lama respondió:  “cero”.

En 1976, Sogyal visitó los Estados Unidos para encontrarse con otro lama tibetano, Chogyam Trungpa, que era considerado como el ejemplo más extremo de las enseñanzas de la “loca sabiduría”. Trungpa tenía problemas con el alcohol (de hecho, murió en 1987 por complicaciones derivadas del alcoholismo), se acostaba abiertamente con sus estudiantes y dirigió su organización como una corte feudal, rodeándose de un guardaespaldas de élite. Para Trungpa, “la verdadera función del gurú es insultarte”. Trungpa, adoptó un estilo de enseñanza poco ortodoxo, a menudo jocoso, pero era un orador convincente, con capacidad para reunir a muchos seguidores y transmitir las enseñanzas budistas de una manera clara y comprensible. Trungpa tuvo la capacidad de atraer a los tres tipos de personas que suelen acercarse a las enseñanzas budistas: aquellos que tiene un perfil más bien intelectual y buscan aprender algo, aquellos otros que buscan incesantemente la verdad y respuestas a cuestiones existenciales y aquellos otros que tiene claros problemas o han sufrido abusos.

En 1992, Sogyal Rinponché publicó El Libro Tibetano de la Vida y la Muerte, un libro que hablaba sobre las enseñanzas tibetanas tradicionales sobre una vida feliz y una muerte digna para un público occidental. Muchos fueron quienes aplaudieron el libro, por la ayuda que daba a enfermos terminales, por ejemplo. Sin embargo, según las personas cercanas al proyecto, la mayor parte del libro fue realizado por escritores fantasma, entre ellos, el estudiante más cercano de Sogyal -y ahora su mano derecha-, Patrick Gaffney, o el autor Andrew Harvey. El libro hizo de Sogyal una celebridad. Apareció en la película de Bertolucci “El Pequeño Buda” y empezó a viajar por el mundo, estableciendo nuevos centros alrededor del mundo. La combinación del carisma de Sogyal – un proveedor de sabiduría antigua en contacto con el mundo moderno – y la mística del budismo tibetano demostró ser un poderoso señuelo para nuevos seguidores. Aquellos que se inscribían en sus cursos tenían poca idea de que, como dice un antiguo alumno, Sogyal estaba “usando la meditación como una droga de entrada a un culto de la personalidad”.

En esos años, empiezan a formarse los primeros nubarrones en torno a Sogyal. Si bien no es un monje (y por tanto, no tiene prohibición para casarse o mantener relaciones sexuales), su conducta sexual se estaba convirtiendo en un motivo de creciente malestar en los círculos budistas, especialmente por la existencia de un harén eficaz de mujeres jóvenes a quien Sogyal describió como su “dakinis” (un término tibetano que significa musa espiritual). Fue entonces cuando en 1994, una estudiante estadounidense que usó el seudónimo legal “Janice Doe” presentó una demanda contra Sogyal por abusos espirituales, físico y sexuales. En sus palabras, “al dormir con el maestro se obtiene una cercanía a Él que todo el mundo está deseando después”.

La acusación no era más que un ejemplo de un modelo de abuso contra varias mujeres.The Telegraph Magazine publicó una historia de portada sobre el caso en el que dos mujeres inglesas hablaron sobre sus propios encuentros sexuales con Sogyal. Estas mujeres abusadas sexualmente bajo pretextos espirituales, manifestaban entonces que “te sientes escogida, lo que te hace sentir especial […] Él era mi maestro espiritual y yo confiaba en que todo lo que pidiera era para mi evolución […]  lo vi como parte de las enseñanzas sobre la naturaleza ilusoria de la experiencia y las emociones. Pero de hecho me causó mucho dolor que no pude disolver”. El caso de Janice Doe se resolvió silenciosamente fuera de los Tribunales. Y en una época anterior a Internet, la mayoría de los lectores de El Libro Tibetano de la Vida y la Muerte permanecieron ajenos a cualquier indicio de escándalo.

El libro continuó siendo un medio poderoso para atraer nuevos seguidores. Entre ellos estaba una joven australiana, que más tarde se convertiría en una monja budista, tomando el nombre de Drolma. Drolma leyó por primera vez el libro de Sogyal cuando tenía 21 años. Dos años más tarde, con su vida cayéndose en pedazos después de un aborto y la ruptura de una relación difícil, asistió a un retiro donde Sogyal daba sus enseñanzas: “mi vida estaba en un punto en el que no tenía comprensión del sufrimiento que estaba atravesando y poder asistir a esta actividad me proporcionó algunas respuestas, y algunos pasos prácticos, como la meditación”.

De este modo, se involucró más en Rigpa, viajando a Lerab Ling para retiros y facilitando grupos de estudio. En 2002 le dio la espalda a una floreciente carrera como artista para convertirse en monja: “Había un aspecto de devoción hacia el maestro que sentía muy fuerte. Lo sentí como el fuego del amor de Dios. Y escogí el budismo porque sentí que había encontrado un ejemplo auténtico, alguien que yo podría seguir”. No obstante, antes de tomar los votos monásticos, había sido testigo de un ejemplo de la “sabiduría loca” de Sogyal cuando humilló públicamente a un seguidor durante una sesión de la enseñanza. Después que el devoto seguidor se hubiera olvidado de un detalle sin mucha importancia, lo puso de rodillas en el suelo y lo obligó a ir de un lado a otro del escenario de rodillas y ante todo el mundo, “la verdad es que me sentí incómoda, pero también pensé que era muy afortunado por tener toda la atención del maestro”.

Drolma pasó a ser la asistente personal del Sogyal, llevando su agenda. Más tarde se convertiría en la responsable de cuidar de su madre y su tía, Khandro, cuando llegaron a vivir a Lerab Ling. Drolma recuerda que “sus vidas estaban increíblemente presurizadas. Había muchos celos, muchos secretos. Si uno de ellos estaba triste o en un estado de ánimo bajo, todos nosotros sentiríamos las repercusiones”. La primera vez que Sogyal le golpeó fuertemente la cabeza con el rasca espaldas que lleva a todas partes, lo aceptó como parte de su entrenamiento iracundo, “pensé: Él realmente confía en mí”. Fue el comienzo de años de abuso físico y humillación verbal.”Si él se preocupaba por su madre, o por una relación con una novia o por algún tema financiero, me daba una bofetada en la cara, o me golpeaba la cabeza con su rasca espaldas”. En una ocasión, le golpeó con tanta fuerza que empezó a sangrar su oído. La primera vez que la golpeó en el estómago estaba en la antesala del templo de Lerab Ling, donde Drolma estaba preparando sus objetos rituales antes de una ceremonia importante para un lama que visitaba y su séquito de monjes.

Estos incidentes de violencia y de abuso eran habituales para los más cercanos a Sogyal. Según recuerda Drolma, “había una estructura muy bien pensada dentro del sistema de Rigpa que bloqueaba la percepción del abuso, ya sea usando esas relatos históricos, o haciéndote sentir realmente especial si esta era la atención que recibías”.

El diario inglés The Telegraph ha ido recogiendo diversas historias de abusos: una mujer golpeada violentamente en la cabeza con un rasca espaldas, un hombre que fue pateado, golpeado en la cara y amenazado con violencia contra la pared y con la mano en el cuello o de otro devoto que fue golpeado tan duramente con un libro que terminó cayendo al suelo. Uno de esos testimonios expresaba que “al final del día, uno vuelve a su habitación pensando en qué diablos es eso, pero todavía se aferra a la confianza de que esto es parte de la purificación del karma negativo […] en este ambiente, todo sería racionalizado y aceptado como “una enseñanza”. Varias personas dijeron al Telegraph que Sogyal a veces se dirigía a sus estudiantes más cercanos mientras defecaba, ordenando a sus ‘dakinis’ a realizar las abluciones apropiadas como una demostración de ‘servicio’. Además, ese estilo de monarca se extendía hacia su círculo íntimo, en el que Sogyal practicaba con frecuencia una especie de derecho de señor, tomando las esposas o novias de sus seguidores masculinos más leales como sus compañeros sexuales, abiertamente o encubiertamente. Se esperaba que los hombres aceptaran que esto es parte de la enseñanza. Si en alguna ocasión alguien se quejaba, ésto se interpretaba como “posesión demoníaca”.

Junto a estos abusos, el estilo de vida del lama era de lo más extravagante. En Lerab Ling, vivía en un chalet, decorado con paneles de madera de cedro, que daba a su propia piscina climatizada. Había una televisión gigante en la que disfrutaba viendo sus películas de acción americanas favoritas. En la “cocina lama” los asistentes estaban disponibles día y noche para proporcionar sus platos favoritos en un momento de aviso. Los asistentes y su círculo íntimo trabajaban hasta un punto de agotamiento físico. En los meses en que Sogyal estaba en Lerab Ling, o siempre que viajaba con él, Drolma trabajaba 14 horas al día, seis días a la semana.

Oane Bijlsma, una holandesa que se unió a Rigpa en 2011 para convertirse en una de las asistentes de Sogyal, ha descrito el funcionamiento obsceno del lama: si bien en sus enseñanzas hablaba de la humildad y de no guardar nada para uno mismo, en sus preparativos para sus enseñanzas o en su día a día, se le buscaban las mejores piezas de carne, se habilitaban las habitaciones allá donde iba con los televisores o los muebles a gusto del maestro o cualquier otro capricho que pudiera manifestar. Todos se mostraba solícitos a colmar los deseos de su maestro.

Todo este funcionamiento empezó a romper en dos a muchos seguidores, divididos entre la adherencia a las enseñanzas pero al mismo tiempo siendo testigos del creciente abuso de poder y sexual. En 2007, Sogyal introdujo un programa que llamó “Terapia Rigpa”, en el que un número de psicoterapeutas cualificados -que también eran estudiantes Rigpa-, fueron asignados para trabajar las dudas que pudieran tener los seguidores (y por lo tanto, para controlar que no hubieran abandonos del movimiento). Drolma fue una de la seguidoras que tuvo que hacer “terapia Rigpa”. En sus palabras, “el punto crucial de cada sesión era cómo Sogyal hacía todo eso sobre mí porque supuestamente de algún modo estaba trabajando con mis anteriores reencarnaciones. La terapia giraba en torno a cómo mis dificultades no tenían nada que ver con Sogyal. Y que gracias a su bendición, me estaba sanando”. En la misma época, Drolma apareció en documental alemán sobre Sogyal, Ancient Wisdom For the Modern World, discutiendo su relación con él. “A veces es como mi padre, a veces como mi madre, otras como mi jefe, también como mi amigo, o como mi enemigo, porque me empuja a los límites. Pero sé que tanto su corazón como su motivación son puros. Es el ego que Rinpoché está tratando de erradicar”.

Los instructores de mayor rango la felicitaron por su aparición en el documental, aunque las dudas dentro suyo se intensificaron.Había alcanzado un punto de saturación, “acabé explicándole todos mis sentimientos a una monja española que visitaba. Me dijo: es un abuso, directamente. Debes marcharte de allí”. En 2010 viajó a Taiwan con otras tres monjas de Lerab Ling para el entrenamiento monástico. Regresó a Francia, pero no a Lerab Ling, escondiéndose en París, haciendo caso omiso de las llamadas telefónicas de Sogyal, “desde querida Drolma, te quiero, podemos hablar de esto […] hasta otros mensajes del tipo dónde estás y me estás haciendo sentir enfadado, es mejor que vuelvas o de lo contrario te vas al infierno”. Finalmente, huyó a la India, viviendo en un convento de monjas, antes de finalmente ir a casa a Australia.

Dentro de Rigpa, prevaleció una cultura de secreto y negación de tales abusos. Los peores excesos de su comportamiento se mantuvieron ocultos a los miles de seguidores que asistían a retiros y enseñanzas. Como manifestó una mujer que participó durante muchos años, “aquello es como una familia incestuosa, donde guardas el secreto”. Pero, inevitablemente, las acusaciones empezaron a aparecer en Internet.

En el 2011, Mary Finnigan, una ex estudiante, publicó el documento Behind The Thangkas, en donde trazaba la historia de supuestos abusos sexuales de Sogyal y afirmaba que había una secta dentro de Rigpa conocida como “Lama Care”, en donde las mujeres estaban disponibles para tener relaciones sexuales con Él dondequiera que viajara y en donde describía cómo los “dakinis” habían sido presionados contra su voluntad para participar en orgías. Ese mismo año, apareció un documental canadiense llamado In The Name of Enlightenment, en donde se recogían más acusaciones de abuso sexual por ex-devotos.

En 2015, Olivier Raurich, responsable de la rama francesa de Rigpa, renunció “debido a que había venido para aprender sobre la humildad, el amor, la verdad y la confianza, y me encontré en un ambiente casi estalinista”. En Rigpa, los estudiantes fueron instruidos a arrodillarse ante Sogyal y jurar que no escucharían las acusaciones de Raurich, siendo tildado de “un oportunista que simplemente buscaba publicidad para su propia carrera como profesor de meditación”.

Al año siguiente, el académico francés Marion Dapsance publicó el libro Les Dévots du Bouddhisme, que contenía más acusaciones de abuso y el comportamiento sectario del círculo íntimo de Sogyal. Una respuesta publicada en el sitio web de Lerab Ling describió su interpretación como “extremadamente prejuiciosa” e “irreconocible”, invocando la enseñanza tibetana de entrenar a la mente en compasión. En este contexto, prosiguió la carta, Sogyal, tomando el ejemplo de los “grandes santos del pasado” nunca respondería a tales alegaciones.

En noviembre de 2016, Patrick Gaffney escribió a los miembros de Rigpa explicando que otro lama y amigo cercano de Sogyal, le había sugerido algunas prácticas para “superar los obstáculos”. Lo más importante, era que los estudiantes “repararan cualquier daño de la samaya”, para lo cual deberían embarcarse en la práctica intensiva de recitación de mantras. El objetivo, escribió Gaffney, era acumular 100 millones de mantras de sílabas cada año, una práctica que requeriría que 3.000 estudiantes cantaran 40 minutos al día. Algunos lo vieron como una manera sutil de amortiguar el creciente escándalo y coaccionar a los estudiantes que dudaban, a la vez que estaba desplazando su responsabilidad hacia los estudiantes.

En junio de 2017, el programa de televisión alemán Bradpunt sacaba a la luz el testimonio de la antigua devota Oane Bijlsma, en donde hablaba de abuso de poder e intimidación sexual. Si bien en el documental ella indica no haber sido abusada directamente, si afirmaba haber sido testigo del abuso de otras mujeres y de la intimidación y la explotación dentro del movimiento Rigpa.

En julio de 2017, cuando la carta de ocho devotos y ex devotos se extendió como la pólvora, Sogyal escribió una respuesta abierta a los miembros de Rigpa. Había pasado toda su vida, escribió, “haciendo todo lo posible para servir a las enseñanzas del Buda […] y no pasa un día que no esté pensando en el bienestar de mis estudiantes”. Pero a la luz de la controversia, tenía la intención de retirarse “tan pronto como sea posible”. De hecho, el retiro de Sogyal se ha producido este mes de agosto, aunque en la página web española no se haga mención alguna a los problemas que llevan arrastrando desde hace años con estas cuestiones.

Adicionalmente, y pese a todos los años de rumores y revelaciones sobre el comportamiento abusivo de Sogyal, un grupo mantuvo un silencio conspicuo: sus compañeros lamas tibetanos. La gran riqueza de Sogyal y su influencia lo convirtieron en una poderosa figura dentro de la comunidad budista tibetana. A lo largo de los años, fue generoso en sus donaciones a monasterios del Nepal y de la India, a la vez que otros lamas han dado frecuentemente enseñanzas en Lerab Ling, ya que el haber dado sus enseñanzas allá les daba cierto prestigio.

Stephen Batchelor indica que la cultura tibetana es de un modo que nunca criticará a otro lama, especialmente uno dentro de su propio grupo. El problema que enfrentan otros lamas es que “si aceptan estas críticas están aceptando, básicamente, la crítica de todo el sistema que de alguna manera subyace a su propia autoridad; y si no dicen nada saben que serán percibidos como haciendo la vista gorda a lo que parece, con bastante descaro, un comportamiento claramente abusivo”. Parece importante que la comunidad budista hable con claridad de estos abusos, porque estas situaciones no sólo dañan a los practicantes, sino que también desacreditan la práctica del budismo.

El Dalai Lama ha condenado con frecuencia el comportamiento poco ético entre los maestros budistas, instando a los estudiantes a hablar sobre ello, pero sin mencionar claramente el nombre de Sogyal. Pero el mes pasado, hablando en Ladakh, habló de la necesidad de reformar la “influencia del sistema feudal” en las instituciones tibetanas. Pocos días después del discurso del Dalai Lama, Sogyal anunció que estaba “retirándose” como director espiritual de Rigpa, citando la “turbulencia” que las acusaciones a su alrededor habían causado. Pero no hubo reconocimiento de abuso, ni expresión de disculpa.

La última aparición pública de Sogyal fue el pasado 30 de julio, en Tailandia, en el Séptimo Simposio Budista Juvenil Mundial. Su discurso, centrado en el tema de la meditación y la paz de la mente, no mencionó el escándalo que lo había engullido. “Si su mente está relajada y tranquila”, le dijo a su audiencia joven, “no importa qué crisis se enfrenta usted, no será perturbado. Incluso cuando surjan dificultades, podrá convertirlas en su propio beneficio”.

Después de las presentaciones de ex miembros de Rigpa, la Charity Commission ha abierto un expediente en The Rigpa Fellowship para evaluar si se requiere de una investigación completa de los asuntos y la organización de Sogyal. Al mismo tiempo, los antiguos estudiantes están evaluando cursar una demanda penal. Por su parte, Sogyal indicó en algún momento que se encargará una investigación por “un tercero neutral” sobre las diversas acusaciones, a la vez que se iniciará un proceso de consulta para establecer un “código de conducta y un proceso de quejas” para los miembros de Rigpa; y que se piensa establecer un nuevo “grupo de asesoramiento espiritual” para guiar a la organización.

Drolma, como otros ex mimebros, salen de la organización con una mezcla de sentimientos: alivio, vergüenza y culpa por los que quedan. Dice que no ha dado la espalda a las enseñanzas budistas, “pero era importante que la gente supiera lo que estaba pasando. Sogyal es un abusador, es delirante, ha generado un daño real y profundo para la gente, y eso no está bien en ningún lugar”.

Gary Goldman, otro antiguo seguidor, indica que “es como dijo el Buda: todo el mundo quiere ser feliz en la vida. Así que te unes a una organización; te sientes bien, la gente es agradable, empiezas a participar más; se invierte mucho tiempo, tal vez un montón de dinero. En algún momento se entreteje ese vínculo con la propia mente. Acaba siendo una parte de lo que eres. Y renunciar a eso es increíblemente difícil y doloroso. Vi a Sogyal como un amigo, y en algún nivel todavía lo admiro como un maestro consumado; pero se ha perdido su camino y eso muy triste”. Y sigue: en este momento, me siento tremendamente infeliz. Hay un agujero en mi corazón. Pero mucha gente simplemente no puede renunciar, están atados a él. Ellos estarían renunciando a una figura de autoridad, probablemente a una figura paterna. Psicológicamente, sería una gran pérdida”.