Del budismo laico de Reiyukai

Reiyukai (“la asociación de amigos espirituales” o “los amigos del alma”) es una pequeña escisión del budismo de Nichiren fundada en 1925 por el carpintero Katubaro Kubo (1892-1944), su hermano Yasukichi Kotani (1885-1929) y su esposa Kimi Kotani (1901-1971). A nivel doctrinal, reúne las enseñanzas de Toshizo Nishida, así como aquellas otras de Nichiren y de ciertas prácticas chamánicas. Su práctica principal gira en torno al Damimoku (el culto de los antepasados). A lo largo de los años, este pequeño grupo ha ido sufriendo diversas escisiones, entre las cuales destaca Rissho Kosei-kay. Según datos de la misma organización, dispondrían de centros en numerosos países, entre ellos España, con sedes principales en Barcelona y Madrid, probablemente presentes en nuestro país desde mediados de los ochenta.

De acuerdo con ellos mismos, “Reiyukai es una organización internacional y no lucrativa, no religiosa y multicultural que dispone de dos millones de miembros repartidos en unos 18 países”. Sin embargo, desde hace unos, diversas asociaciones francesas de ayuda a personas afectadas por sectas han advertido sobre la proliferación del movimiento y ciertos funcionamientos sectarios. De hecho, el movimiento Reiyukai ya fue incluido en el informe parlamentario sobre las sectas francés de 1995 y en los últimos años ha destacado su mayor penetración entre sectores cercanos a jóvenes y adolescentes.  Desde mediados de los sesenta, Reiyukai ha reforzado su interés por los más jóvenes, creando escuelas y centros específicos para ellos. Y en Francia, los dos grupos más numerosos de Reiyukai se han formado en torno a la figura de un profesor de instituto y en torno a un abogado que practican desde hace años.

Alguna de las personas que participaron, se refieren a los momentos de entrada “a mi me invitaron a una fiesta […] claro, todos me hablaban de esta técnica, así que al final acepté realizar un fin de semana de prueba […] el problema es que si no quieres continuar, te dicen que no te quieres mover ni cambiar las cosas”. Además, algunos testimonios apuntan a que se ven obligados a reclutar a nuevas personas para el movimiento budista laico de Reiyukai, “te dicen cuando te encuentres con gente por la calle, tienes que buscar “medios hábiles” -como dicen ellos- para hablar del movimiento y animarles a participar”; otros testimonios son más rotundos e indican que existe la presión para  atraer al menos cinco personas nuevas al movimiento  Aparte, indican que uno termina estando obligado a recitar los sutras, oraciones budistas que pueden alargarse por espacio de media hora o más. Y no sólo eso, sino que “las conversaciones duran horas, si no estás de acuerdo en algo se las arreglan para romper tu criterio, siempre con voz suave”.

Otras personas que se acercaron al Reiyukai indican que “al principio fue un colega quien me habló de ésto, que me iría bien […] así que decidí asistir a una reunión, me encontré ante un pequeño altar con incienso e imágenes de difuntos junto a los sonidos del gong […] la reunión se inició con una breve oración que me pidieron que leyera yo mismo […] la verdad es que con el sonido del gong y todo, uno termina escuchando un pequeño zumbido”. Si bien esta persona que explicó su testimonio en diversos medios franceses no quiso continuar, se encontró con la insistencia de quien le había invitado: “¿no quieres crecer? ¿no quieres superarte?”. Esta insistencia, según otros, puede llevar a repetidas llamadas de teléfono, e-mails e insistencia persistente para continuar practicando.

Los medios de comunicación de Nantes y Charentes recogieron diversos reportajes sobre este movimiento, particularmente a raíz que se detectara la presencia de esta agrupación en medios educativos. Además, se ha señalado el riesgo que puede comportar la repetición monótona de oraciones, “ya que esta técnica se presta a ser empleada para manipular […] se recita para tener éxito en la vida […] y si algo falla, pues es problema de quien recita, ya no de la técnica”.

Por su parte, responsables del movimiento en Francia como Claudine Shinoda no parecen excesivamente preocupados con el hecho de ser asimilados a una deriva sectaria, “el informe quedó anticuado, los movimientos cambian”. Según ellos mismos, “en este movimiento no hay jerarquía ni liderazgo […] se trata de una búsqueda personal”, aunque la experiencia de antiguos practicantes señala que sí que existe tal jerarquía, al mismo tiempo que cierta división por sexos, de forma que los hombres son los encargados de impartir la instrucción mientras que las mujeres se mueven en un terreno “espiritual” y no de la enseñanza.