Decanos de varias universidades belgas se niegan a dar lugar a prácticas alternativas no testadas

A finales de la semana pasada, tal y como recogía recientemente Le Soir, diez decanos de diversas Facultades de  Medicina de Bélgica han lanzado una bomba: las facultades de Medicina de Bélgica no pueden dar lugar a la enseñanza de prácticas alternativas o no convencionales que no dispongan de un nivel de evidencia mínimo y suficiente.

Habitualmente conocidas como “medicina alternativa”, “paralela” o “no convencional”, el hecho es que desde 1999 existe una disposición legal que reconoce de algún modo cuatro de estas prácticas: la homeopatía, la quiropráctica, la osteopatía y la acupuntura, pese al declive de la formación en estas prácticas en algunos países. Desde entonces, el debate se ha centrado en qué tipo de requisitos profesionales se exigirían a los practicantes de estas cuatro modalidades alternativas, así en el cómo proteger al paciente de prácticas charlatanescas.

Pero el desarrollo de estas medidas ha sido lento en comparación a la frecuentación de la población en general. Según datos ofrecidos por la Ministra de Salud la Sra.Laurette Onkelinx, 1 de cada 3 belgas ha consultado a un terapeuta alternativo al menos una vez en su la vida. En el lapso de un año, un 7% habría consultado a un osteópata, un 6% a un homeópata, un 3% a un acupuntor y aproximadamente un 2% a un quiropráctico. Algunos registros de Bélgica indican que en estos momentos puede haber unos 600 acupuntores, unos 340 homeópatas (un 75% de los médicos), 110 quiroprácticos y unos 1000 osteópatas (fisioterapeutas en el 83% de los casos).

La semana pasada se reunió una comisión formada por un grupo de expertos y presentaron sus resultados en cuanto a propuestas de formación y los criterios mínimos para un reconocimiento. El Comité de Expertos propone, por ejemplo, que la homeopatía esté reservada a médicos, dentistas o matronas. El acupuntor deberá disponer de una licenciatura o un título en enfermería o fisioterapia y haber completado 1.500 horas de formación durante tres años. Y el osteópata deberá ser licenciado en ciencias médicas, en la rama de motricidad o la fisioterapia, debiendo cursar un máster en osteopatía.

Si el informe y las propuestas de este Comité de Expertos prosperan, deberían crearse formaciones específicas para los que quisieran formarse en estas modalidades alternativas. El objetivo: proteger a los pacientes de prácticas dañinas. La recomendación del Comité es que si el ciudadano quiere utilizar estas prácticas, está en su derecho de hacerlo, pero al menos recomiendan que existe un adecuado diagnóstico médico por un profesional cualificado.

Sin embargo, para los decanos de varias facultades de Medicina, si estas prácticas carecen de evidencia suficiente, existe un riesgo inherente para los pacientes. Por este motivo, han manifestado su disconformidad con estas propuestas, aunque no estén cerrados a que pueda argumentarse mediante pruebas científicas suficientes. Pero desde el Ministerio de Sanidad, han añadido que los decanos de estas facultades no se han presentado a las reuniones de este Comité de Expertos, por lo que perdieron su oportunidad a que se escuchara sus voces.

Los decanos han insistido en que “la medicina que practicamos se basa en la evidencia científica”. El Sr.Yvon Englert, decano de la Facultad de Medicina de la ULB, en representación de varios decanos, ha indicado que “si hay elementos válidos en estas terapias, habrá que considerarlos. Pero no podemos enseñar algo que no haya sido probado, testado, validado a través de ensayos clínicos […] en nombre de la seguridad del paciente, nos negamos a enseñar aquello que no esté demostrado […] no podemos enseñar magia o técnicas que no se basen en un conocimiento sólido”.

Ante la observación que en la ULB se oferta un curso de especialización sobre osteopatía, el decano indicó que “precisamente: la enseñanza que lleva una forma de fisioterapia de osteopatía articular se desarrolla cerca de la validación científica de algunas de estas prácticas. Pero no es probable que esta enseñanza sea validada en su conjunto. Si le dieran una droga, pues seguramente funcionaría en un proceso doloroso o difícil, pero se necesita la base de normas específicas, mejores prácticas y ensayos clínicos para ver la validez. La ciencia es  pública, compartida y verificable.  Para millones de pacientes. Por millones de practicantes. Una ciencia que haya evolucionado a través de los descubrimientos e incluso retrocesos, por supuesto. Pero que no se base en la mera opinión o una mera creencia’.