Continúa la controversia en torno a la fasciaterapia

Según se hacía eco recientemente la UNADFI, a finales del pasado año 2011 el periodista Nicolas de la Casinière escribió un artículo en el sitio web Rue 89 sobre la fasciaterapia, en el que comparaba la técnica practicada por la fasciaterapia con “un movimiento sectario que pretendía tratar a los pacientes con métodos charlatanes o poco éticos”.

A raíz de ese artículo, tanto la revista como el periodista fueron demandados, celebrándose el juicio al cabo de un mes en Angers (Francia). Ahora, ha salido la resolución favorable -tras haberse mandado su retirada de la web- y el artículo ha vuelto a ser colgado en Rue 89.

La fasciaterapia es un método propuesto en los ochenta por el osteópata Danis Bois como una modalidad de terapia miofascial que “permite aliviar el dolor  del cuerpo y  […] a menudo, elimina el sufrimiento psíquico”. En esta terapia manual, “las sesiones se desarrollan en silencio. El terapeuta escucha la “vida silenciosa” dentro del cuerpo […] con  el tacto y el movimiento, tocamos  la fibra sensible del cuerpo, el ” sexto sentido ” que lleva el “anclaje orgánico de la identidad “.

La fasciaterapia se ha extendido por toda Europa, incluyendo España en donde también existen practicantes de la misma. En Tenerife disponen de una formación específica en fasciaterapia impartida por el Real Centro Universitario Escorial María Cristina, dirigida a titulados universitarios e incluso a personas sin formación universitaria que de este modo obtendrían un diploma de extensión universitaria.

En el mencionado artículo de Rue 89 que vuelve a estar on-line, se indica que la fasciaterapia se encuentra presente en algunos hospitales públicos en calidad de “terapia coadyuvante” pese a no disponer de evidencia científica de sus resultados. Sus practicantes se apoyan en dos trabajos realizados hasta el momento. El primero de ellos, realizado en el mismo hospital de Angers y bajo el título “ensayo randomizado para evaluar la eficacia de la fasciaterapia en pacientes con cáncer que reciben quimioterapia”, fue realizado sobre tan sólo ocho pacientes concluyendo que los masajes procuraron “bienestar” y “en tres cuartas partes de la muestra reduce el dolor”. El segundo estudio al que se refieren es un ensayo clínico iniciado en septiembre de 2010 bajo el título “la fasciaterapia como tratamiento de apoyo en pacientes tratados con quimioterapia adyuvante para el cáncer de mama” y que fue debidamente registrado en el sitio del Instituto Nacional del Cáncer; el estudio se completó en seis meses y fue realizado por un médico privado entre 23 pacientes.

Pero más allá de la todavía inexistente evidencia que apoye las pretensiones de esta nueva terapia manual, el mencionado artículo se refería al interés de su promotor por Sri Chandra Mission, según puede leerse en uno de sus libros en donde reconoce que le pidió al Maestro que le diera su beneplácito para abrir un centro de terapias manuales en Francia, cosa que finalmente hizo “con la ayuda invisible del Maestro”. Y es que en Francia, la Sri Chandra Mission (SRCM) ha sido descrita como una secta ya en el informe parlamentario de 1995, en el que se estimaban unos 2000 seguidores activos, a la vez que otras asociaciones especializadas en el fenómeno sectario como la GEMPPI se hayan reafirmado en tal valoración.

En la actualidad, Danis Bois se arrepiente de esa referencia en su libro “porque tras su muerte en 1983, encontré muy dudoso todo lo que sucedió y pasé a ser disidente de un movimiento al que en realidad nunca pertenecí como miembro. Yo soy una persona laica”.

A partir de estas referencias, a la vez que recogiendo lo que ya apuntaba el pasado informe de la Miviludes de 2007 acerca de las prácticas dudosas en salud -y especialmente, en el tratamiento del cáncer- el periodista del artículo de la controversia remarcaba lo dudoso del método. También diversas asociaciones de masoterapeutas han denunciado el intrusismo en sus prácticas, advirtiendo a los usuarios acerca de prácticas dudosas o claramente sectarias.

Al parecer, se han acercado a estas prácticas algunos oncólogos como es el caso de Martine Georgin-Mège o Eric Jadaud, indicando éste último que “es cierto que la fasciaterapia no está reconocida como una terapia estandarizada, pero tiene su lugar como ayuda. Reconozco que existe una dimensión espiritual en ello, que puede ser objeto de deformaciones o malas interpretaciones, pero fisiológicamente es interesante […] esperamos con ello reducir los efectos secundarios de la quimioterapia y mejorar la calidad de vida. Conozco a los terapeutas, incluso asistí a un programa de formación […] no vi nada de sectarismo en todo ello”.

En otro informe de la misma Miviludes del pasado 2010, se indicaba que “el empleo de prácticas no convencionales para usos terapéuticos es muy común […] en la mayoría de los casos,  son teorías o métodos que tienen de base a un personaje emblemático […] en algunos casos, funcionan a modo de gurú de una secta […] en otros casos, derivan de propuestas New Age […] suelen ponerse en marcha por no profesionales o por personas con insuficiente formación”.

Otro profesional que se ha acercado a la fasciaterapia es Pascale Jeannin, médico inmunólogo vinculado a Omalpha, que promueve la fasciaterapia, el yoga mágico y que asiste regularmente a los encuentros de la Escuela Shambala, que tiene numerosos problemas en la actualidad por las denuncias de abusos en el interior del movimiento.

Todas estas vinculaciones de algunos practicantes de la fasciaterapia ha llevado a la alerta ante el riesgo de infiltración sectaria, a la par que ha levantado las críticas entre los mismos profesionales, como en el caso del reconocido investigador Hugues Gascan, quien por haber cuestionado la bondad terapéutica de la fasciaterapia se ha visto envuelto en numerosos procesos por supuesta difamación.