A propósito de la “apiterapia”

Recientemente, fue procesado en Francia Bernard Nicollet, apicultor que ejercía de “apiterapeuta”, siendo condenado a 6 meses de prisión por ejercicio ilegal de la Medicina, condena conmutada por una pena simbólica de 1€ de multa. El “pastor de las abejas” -designación utilizada por el mismo Tribunal que lo juzgó en Roanne-, prometía “curar los grandes males de este siglo a base de las picaduras de abeja en partes específicas del cuerpo”. De acuerdo con la acusación, Nicollet “jugaba a la ruleta rusa con sus pacientes”, especialmente teniendo en cuenta que la alergia que puede desencadenarse ante las picaduras de abeja puede llegar a resultar mortal.

Ya en el pasado año 2007, el mismo apicultor había sido juzgado por ofrecer productos relacionados con la salud en su website, motivo por el cual se le ordenó judicialmente el cierre de su espacio web.

Aunque los remedios a base de productos derivados de la miel, el polen o la jalea se llevan empleando desde al menos el 1700 a.C., las variante moderna de la así llamada “apiterapia” fue promovida por Philip Terc (1844-1915), médico austríaco, reumático y con intensos dolores articulares; un día, sentado en su jardín, fue atacado por muchas abejas y a partir de entonces sus dolores comenzaron a desaparecer, interesándose desde ese momento por las propiedades de las picaduras de las abejas y publicando un primer trabajo sobre la apiterapia en 1888. Las aportaciones de Phillip Terc fueron seguidas por Bodog Beck (1871 – 1942), médico húngaro que llevó la apiterapia a los Estados Unidos. Aunque sería el apicultor Charles Mraz (1905 – 1999) quien abriría el camino a la apiterapia. Mraz fue quien estableció los estándares de pureza para el veneno seco de abejas para la Food and Drug Administration (FDA), se convirtió en el principal proveedor de veneno para compañías farmacéuticas del mundo y llegó a ser socio fundador y director ejecutivo de la American Apitherapy Society (AAS).

La apiterapia supone el uso terapéutico no sólo de productos de las abejas (miel,  polen,  jalea real o el  propóleo) sino también de las apitoxinas (es decir, el veneno de abeja). Diversos paraprofesionales aseguran que la apiterapia puede tratar una gran gama de dolencias, desde enfermedades físicas (incluyendo incluso la esclerosis múltiple) hasta trastornos psíquicos (depresiones, anorexia, etc.). Aunque la apiterapia incluye el empleo de la miel u otros derivados, por lo general suele centrarse más en el empleo de las picaduras de abejas como remedio curativo.