La Conferencia Episcopal de Francia reconoce la existencia de derivas sectarias dentro de la Iglesia

Aunque a la Iglesia Católica, como cualquier otra institución, no le guste reconocer públicamente los escándalos internos, hace unos días el Presidente de la Conferencia Episcopal de Francia, el Arzobispo Georges Pontier , respondió formalmente a un grupo de cuarenta víctimas de desviaciones sectarias de diferentes movimientos eclesiales y congregaciones religiosas católicas. Pontier apeló a los obispos presentes en la última reunión que tuvieron en Lourdes, según se hacía eco Le Figaro, “a que denuncien los daños humanos que han sufrido muchas personas en las denominadas nuevas comunidades”, refiriéndose a las nefastas consecuencias para sus seguidores que “pasan a vivir situaciones que van desde la depresión al suicidio o a la destrucción de la personalidad “.

La novedad de estas declaraciones no radica tanto en la denuncia de los abusos sexuales que algunos de los demandantes han sufrido, sino más bien en la mención a situaciones de “abuso espiritual”, un concepto poco utilizado todavía. Con la noción de “abuso espiritual”, se remarca el hecho de el poder espiritual que puede llegar a tener el fundador o superior de estas “nuevas comunidades” sobre sus seguidores, que puede desembocar en una coartación de la libertad individual y el fomento de una dependencia absoluta y acrítica; aparte, la introducción de los votos de silencio, puede terminar por dañar más a las personas, que se ven impedidas así de denunciar tales abusos espirituales.