Empieza el juicio contra Robert Spatz, gurú de la Ogyen Kunzang Chöling

Estos días arranca el juicio en contra el gurú de la OKC, Robert Spatz, tras la denuncia de decenas de jóvenes que intervienen como parte civil dentro del proceso. Diversos medios begas se han hecho eco del juicio. Muchos de estos jóvenes no conocieron más que la vida dentro de la secta, con escaso contacto con el exterior hasta la edad de los veinte años. Dentro del juicio, testificaran al menos una decena de ellos sobre los abusos vividos dentro del grupo.

El Tribunal Penal nº 89 de Bruselas deberá tomar declaración al gurú Spatz desde España, ya que se encuentra retenido en nuestro país “por razones de salud” según aseguró el grupo. Junto a Robert Spatz, otras diez personas cercanas al gurú están igualmente inculpadas por delitos relacionados con fraude y diversos delitos financieros, a la vez que por supuestos abusos sexuales perpretados por el gurú en contra de los menores de edad insertados en su comunidad.

La historia del grupo se remonta a 1972, cuando con tan sólo 28 años de edad Spatz empieza a abrir diversos centros budistas, presentándose como Dorje Lama Kunzang, reuniendo en torno a su figura a numerosos jóvenes desorientados y las primeras parejas que pasaron a tener hijos dentro de la comunidad. Entre 1980 y el 2000, llega a reunir a un número importante de menores de edad en su comunidad, sobre todo en el centro de Castellane, en el sur de Francia, en Château de Soles. Mientras tanto, los padres adeptos al movimiento trabajan sin ser dados de alta en la Seguridad Social o sin sueldo remunerado alguno por su trabajo en diversos restaurantes de Bruselas.

Alrededor de 1995, uns joven ex adepto de la OKC rompe el tabú. Asegura haber sufrido abusos sexuales. “Nadie me creía en la comunidad. Era inconcebible. Era como si un cristiano hubiera dicho que el Papa le había violado!”.

El 30 de mayo de 1997, se desplegó una impresionante operación franco-belga. 200 policías belgas  realizan diecisiete búsquedas en la región de Bruselas, mientras que sus homólogos franceses hacen lo mismo en Castellane. Las investigaciones realizadas se volvieron interminables, algunas de las víctimas debieron ser entrevistas en varias ocasiones a lo largo del tiempo para poder evidenciar los abusos.

El abogado de la parte civil, Me Dimitri de Beco, remarcó la importante función de la emisión en televisión del programa Devoir d’enquête, emitido el 16 de diciembre  de 2015, “esto hizo que otros muchos se pusieron en contacto con nosotros. Algunos de ellos vienen de lejos. Canadá, Portugal, Nueva Caledonia. Y quieren declarar”.

El juicio se estima que se alargará durante tres semanas. Sin embargo, esperar casi 18 años para el juicio de unos hechos tan graves ¿es algo razonable para las víctimas?

Ricardo M., ex miembro de OKC, recuerda cómo los niños eran tensionados para ir contra sus padres dentro del grupo. Durante unos veinte años, Ricardo M. tan sólo conoció el mundo de la secta: el grupo, sus compañeros y su gurú. El “lama” Robert Spatz  “era el gurú místico para los padres, todos le adoran, con derecho a inmuscuirse en la vida de todos y cada uno de los miembros de la comunidad. Fue él quien me dio mi nuevo nombre”. Ricardo pudo reapropiarse de su nombre al debut de los veinte, ya que toda su vida su nombre no fue otro que aquel que el lama le dio.

Alrededor de 1979, la madre de Ricardo, aún menor de edad, se escapa de una “familia disfuncional”. Su padre escapa de una familia adinerada para vivir como un hippie. Se conocen en una actividad de la OKC e inician su vida como pareja, naciendo Ricardo más tarde y pasando a vivir la familia en el Castillo de Soles, de forma aislada. En esta comunidad, Spatz es el personaje central. “Se veía como un buen padre y representaba la figura del padre que nos faltaba”. En 1993, Spatz traslada a 25 adolescentes a un monasterio en Portugal. Los padres deben continuar trabajando en Bruselas para el grupò, mientras que los menores son separados para “una vida más pura”. Sin embargo, los jóvenes que viven allí son abandonados a sí mismos, mal supervisados por una mujer que termina ayudando a Spatz a desplegar “una vida de orgías”, perpetrando diversos abusos sexuales sobre los menores durante años. “Esto sucedió en nuestras narices y nadie vio nada. No era un guía, sino un pedófilo, un perverso narcisista”.

Ahora Ricardo señala la brecha entre su generación, que rompió el hielo y abrió su corazón, explicando su increíble vida y la de los padres. Si bien muchos de ellos siguen siendo miembros de la secta, “durante la mayor parte de mi vida, mis padres no sabían lo que me pasó. El conflicto generacional es fuerte. Spatz destruyó los pocos lazos familiares que hemos tenido”.

El juicio enfrenta, por tanto, las denuncias de los hijos que sufrieron los abusos, sin conocimiento en muchos casos por parte de sus padres, que ahora empiezan a conocer la angustiante realidad que vivieron los menores en la comunidad de Spatz.