¿Qué motivos llevan a abandonar la iglesia mormona?

Que la Iglesia de los Santos de los Últimos Días tiene un número significativo de abandonos, es un hecho que ha llevado a Jana Riess a embarcarse en un importante estudio de investigación de cuatro generaciones de mormones y antiguos mormones para explorar cuáles son los motivos reales de abandono de la iglesia. Con la ayuda de científicos sociales, como es el caso del profesor de ciencias políticas Benjamin Knoll, ha podido reunir datos representativos a nivel nacional dentro de los Estados Unidos que empiezan a arrojar algo de luz sobre una serie de cuestiones importantes.

Estas personas, ¿abandonan por inconsistencias históricas o conflictos derivados de prácticas tales como la poligamia o las de las piedras de videntes (Urim/Tumim)? Sin duda, ésta suele ser una explicación bastante extendida entre los ex mormones. ¿O abandonan más bien porque se han “sentido ofendidos” por algo que alguien dijo en la iglesia? Ésta es una explicación ofrecida, por ejemplo, por el élder David A. Bednar en la Conferencia General celebrada hace ya unos diez años y que se ha convertido en una característica prominente del discurso interno de la iglesia desde entonces.

De acuerdo con los datos recogidos hasta el momento, estadísticamente, hay apoyo para ambas explicaciones. Para los mormones y las mujeres más jóvenes, hay mayor evidencia de la hipótesis de haberse sentido ofendidos.

De hecho, se recogieron las respuestas de 541 ex mormones, además de la respuesta de más de 1.100 mormones actuales que, obviamente, no recibieron esta pregunta. Se les pidió que nombraran las tres principales razones que les llevaron a abandonar la iglesia, escogiendo entre casi 30 opciones que se dividían en dos categorías principales:

– Razones doctrinales / institucionales, tales como preocupaciones sobre el Libro de Abraham, por ejemplo, o la falta de transparencia financiera sobre lo que sucede con el dinero del diezmo.

– Razones personales / sociales, tales como ser excluido, no sentirse capaz de confiar en el liderazgo o dejar de estar convencidos de estar en “la verdadera iglesia”).

En general, las razones personales / sociales dominaron la lista por encima de los problemas doctrinales / históricos específicos. En la muestra en su conjunto, la principal respuesta fue “Ya no podía reconciliar mis valores y prioridades personales con los de la iglesia”, seguido de cerca por “Dejé de creer que había una iglesia verdadera”. Estos resultados son muy consistentes con un estudio americano del pasado 2016 de los “Nones” (personas sin afiliación religiosa), que mostraba que la principal razón para desvincularse de su religión fue simplemente que dejaron de creer en sus enseñanzas.

Generacionalmente, se dieron diferencias interesantes y significativas. Por ejemplo, entre los Milénicos (aquellos nacidos a partir de 1984, es decir,  personas entre los 18-35 años), las cinco principales respuestas fueron: 1. “Me sentí juzgado o mal entendido”;  2. [en igualdad de respuestas que la primera] “No confiaba en que los líderes de la iglesia dijeran la verdad acerca de temas polémicos o históricos”; 3. “Las posiciones de la iglesia sobre los asuntos LGBT”; 4. “Ya no podía reconciliar mis valores y prioridades personales con los de la iglesia”; y 5. “Me alejé del mormonismo”.

Es interesante observar que las cuestiones en torno al LGBT ni siquiera aparecieron entre las diez razones principales de los miembros mormones mayores de 52 años. Sin embargo, para los Milénicos, ésta era la tercera razón más importante para salir y para los miembros de la Generación X (personas nacidas a principios de los años 1960 hasta aquellos nacidos a inicios de los años 1980), este motivo ocupaba el sexto lugar para dar cuenta del abandono.

También han observado una división de género. Las mujeres son casi dos veces más propensas que los hombres a decir que abandonaron el mormonismo porque se sentían juzgadas o malinterpretadas. En la muestra general de todas las generaciones, el 40% de las mujeres citó el juicio de valor como uno de sus tres principales factores para abandonar, mientras que tan sólo el 22% de los hombres mencionaron este motivo. Es decir, que hay también algo de apoyo a la tesis del élder Bednar conforme muchas personas abandonan tras haberse sentido ofendidas.

Sin embargo, la iglesia tiende a ofrecer ejemplos de lo más trivial para dar cuenta de esa ofensa: “hace varios años, un hombre dijo algo en la Escuela Dominical que me ofendió, y no he vuelto desde entonces” o “no estuve de acuerdo con el consejo que me dio el élder, así que no volveré mientras él esté sirviendo en esa posición”.

Cuando, de hecho, los encuestados dieron una mayor explicación a la hora de referir los motivos de su ofensa: “cuando me divorciaba de mi marido a causa del abuso y la infidelidad, se renovó su recomendación en el templo, aunque sabían que estaba bebiendo y durmiendo con prostitutas (y golpeándome a mí y a mis hijo). No se me permitió renovar la mía, porque podría caer de nuevo antes de casarme. Por ese motivo lo dejé”. Otros encuestados daban otros detalles: “no encontré una auténtica empatía” o “no se atiende a la violencia doméstica y se apoya automáticamente al abusador” e inclusive “me sentí tratada como una mujer en el ejército, de un manera fría e insensible”.

¿Había entonces motivos para sentirse ofendido? Claramente, la respuesta es afirmativa a la luz de estos resultados. Pero la iglesia mormona tiende a indicar que la persona “escogió sentirse ofendida”, lo cual no sólo es un motivo de culpabilización sino al mismo tiempo parece ser una estrategia orientada a minimizar el impacto emocional. En palabras del mismo élder mencionado anteriormente, “en muchos casos, el escoger sentirse ofendido es síntoma de un mal espiritual mucho más profundo y más grave”. Y es que, con demasiada frecuencia, la frase “escogió sentirse ofendido” se usa para juzgar e invalidar la experiencia de otra persona, avergonzarla o castigarla, y tal vez incluso para terminar de modo inmediato la posible discusión.

Es importante subrayar que “escoger sentirse ofendido” es más bien, y en no pocas ocasiones, una respuesta sana ante un abuso que pretende justificarse o minimizarse desde posiciones de autoridad moral o espiritual.